LAS PLANTAS NARRAN GRANDES HISTORIAS DE AMOR

Hay hermosas historias de amor vinculadas a la flora que nos rodea. Una de ellas es el cuento asociado al Campanín o Correhuela mayor (Calystegia sepium). Cuenta la leyenda que si una pareja de enamorados bebe una infusión de sus hojas mezclada con vino, esto origina un intenso licor, que se considera como una pócima de amor. Si ambos enamorados beben este brebaje, este amor durará hasta el final de sus días proporcionando una armonía y felicidad inquebrantables.

Calystegia sepium

Calystegia sepium

Las historias de amor entre personas siempre han estado muy presentes en nuestra sociedad. Siempre han existido las leyendas, cuentos e historias donde se narran pócimas y hechizos, que usando plantas u otros elementos naturales, nos ayudan a buscar el amor verdadero o conservar el que ya tenemos. Lamento decir que no, que no es de este tipo de amor del que vamos a hablar en esta ocasión, porque no es nuestra labor. Porque el amor no tiene porqué ser solamente entre personas. Desde los orígenes del ser humano siempre ha habido un amor, respeto y cuidado hacia nuestro territorio, y por ende, hacia nuestra naturaleza. Una relación especial y única de amor incondicional que el ser humano ha tenido hacia nuestra naturaleza y nuestra flora, que aunque a día de hoy parece estar atravesando una crisis, todo tiene solución en esta vida.

Hablemos de esta historia de amor. ¡Hablemos de etnobotánica!

Como ya hemos comentado en este post, y en otros que hemos hecho, desde el origen de la humanidad, el ser humano ha aprovechado y conservado los recursos naturales que ha tenido a mano. Las rocas le proporcionan materia prima para la construcción de su hogar o sus herramientas, al igual que la madera. El agua, el bien más preciado que tenemos, no sólo sirve para calmar nuestra sed, sino que también está muy presente en el ámbito doméstico (para cocinar y limpiar). También es fundamental en la ganadería y agricultura, y nos sirve como fuerza motriz. Incluso ha estado muy presente en muchos rituales ancestrales. La naturaleza nos presta servicios que son esenciales para el mantenimiento de la vida. Pero la relación más auténtica y única, y la que pasa más desapercibida es la que tenemos con las plantas.

Paisaje rural abandonado

Paisaje rural abandonado

La distribución de muchas plantas y árboles no es “totalmente inocente”. Es cierto que para su crecimiento tienen que darse unas condiciones de temperatura, viento y humedad óptimas, pero también el tipo de suelo y las rocas son fundamentales para su desarrollo. Para muchas de ellas, lo más importante para su supervivencia y conservación es la figura del “paisano” o “paisana” como garante de la conservación de las especies. Seguro que muchos de nuestros abuelos o abuelas nos han recetado remedios naturales “milagrosos” cuando nos duele la barriga, tenemos catarro, dolores musculares o nos hemos hecho una herida. Incluso hemos visto cómo se aprovechan determinadas plantas como exquisitos ingredientes en la cocina, elaborando platos dignos de un cocinero Michelin. Todos hemos visto como los paisanos y las paisanas cuidan y mantienen los caminos, los prados, los árboles y los bosques. Esto no es una actividad inocente. Esto es un acto de amor incondicional. Es un pacto que los árboles y plantas han establecido con el ser humano desde el origen de los tiempos: “Yo te cuidaré, pero tú también a mí. A cambio de mis cuidados, tú me proporcionarás alimento y medicinas, para mí y para mi ganado. Todos salimos ganando”.

La etnobotánica es el estudio de la relación de las plantas con el ser humano. Desde tiempos muy antiguos se han realizado listas o catálogos de plantas (y árboles) anotando sus respectivos usos, así como aspectos etnográficos y simbólicos. Estos conocimientos que han transmitido de generación en generación. Este tipo de estudios etnobotánicos, además, valorizan el papel de las plantas en nuestra propia cultura.

Uno de los mayores exponentes en Asturias de esto es el Tejo o el Texu (Taxus baccata), siendo esta la especie más emblemática de la cultura asturiana. En muchos pueblos y aldeas un tejo de gran tamaño actúa como mediador y guardián de la vida de sus gentes. El lugar donde se sitúan estos árboles, no es un lugar elegido al azar, son primitivos lugares de culto y sabiduría, que a día de hoy, aún desconocemos totalmente. Bajo sus ramas se “llamaba a conceyu”, es decir, se realizaban reuniones en las que se tomaban decisiones y compromisos que eran consensuadas y aceptadas por el bien común del pueblo. Son varios los motivos por los que quizás el tejo era admirado. Por un lado, además de su apreciada madera para la fabricación de herramientas, el tejo es una especie “venenosa”. Excepto en el fruto, todas las partes del árbol contienen una sustancia de gran toxicidad llamada taxina, mortal para el ser humano. Cuenta la leyenda que los astures siempre llevaban consigo unas hojas de tejo, que en el caso de ser capturados por sus enemigos comerían para suicidarse. También lo utilizaban para envenenar las flechas o las armas para matar con mayor celeridad a sus enemigos. En tiempos no tan antiguos, esta elevada toxicidad del tejo fue utilizada como eutanasia, para evitar el sufrimiento de los enfermos.

Tejo situado en La Plaza Teverga

Tejo situado en La Plaza Teverga

Como hemos podido comprobar, la relación entre las plantas y las personas es una relación preciosa. Una relación de amor incondicional. El amor más puro y sincero que ha existido a lo largo de la historia, que debemos seguir cuidando y trabajando. El arma más poderosa que existe es el amor, y si trabajamos nuestra relación con la naturaleza, podremos ser optimistas, y ver un atisbo de esperanza en el horizonte. Para amar hay que conocer, y necesitamos que más personas conozcan nuestra historia, nuestros orígenes y nuestro entorno, para cuidarlo, amarlo y respetarlo, al igual que han hecho nuestros paisanos y paisanas.

Prometemos realizar una segunda parte, y quizás la tercera también, ya que este es un tema muy necesario y apasionante.

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