EMPRENDIMIENTO Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL

Actualmente vivimos un período laboral confuso, en el que la solución para optar a un trabajo remunerado parece que pasa por el autoempleo. En los últimos tiempos, las palabras emprendedor/a y/o emprendimiento parecen estar de moda, es decir, la puesta en marcha de un negocio, bajo la forma jurídica que se decida. Pero, recientemente, esto ha dado un giro de 180º, ya que cada vez más personas optan por emprender una actividad, al mismo tiempo que generan beneficios sociales y/o mejoras ambientales en su entorno directo. Hace poco me preguntaban: “¿Cómo te ves en un futuro en tu trabajo?” Mi respuesta fue contundente, y sin necesidad de pensar demasiado, quizás de una manera utópica, pero convencida de ello, respondí: “Transformando el mundo”.

Hace poco me preguntaban: “¿Cómo te ves en un futuro en tu trabajo?” Mi respuesta fue contundente, y sin necesidad de pensar demasiado, quizás de una manera utópica, pero convencida de ello, respondí: “Transformando el mundo”.

Cada vez hay un mayor número de empresas que quieren ser sostenibles, y esto solo se conseguirá trabajando directamente con las personas: clientes, sociedad, entorno, empleados o proveedores, entre otros. Porque, al final, las empresas que luchan por un cambio social son empresas sostenibles, entendiendo esto como la triple cuenta de resultados: económica, social y ambiental. ¿Qué queremos las personas que nos dedicamos al llamado “emprendimiento social o sostenible”? Pues que gracias a nuestros servicios, productos, actividades,…etc., lograremos un entorno más justo e igualitario, en el que existan oportunidades para todo el mundo, integrando a todos los colectivos sociales, pero también impulsando medidas que promuevan la protección ambiental y la lucha contra el cambio climático.

Muy bonito y muy utópico… ¿pero esto es real o eres una ONGD? Si, esto es real, y ni yo, ni ninguna de las personas que trabajan en emprendimiento social somos ONGD’s. Aunque hay que reconocer que es más duro comenzar un negocio de estas características que cualquier otro, porque para empezar, todas las personas que integran el equipo debemos tener sueldos dignos, o un reparto equitativo de las ganancias. Si esta premisa no se cumple, entonces no es una empresa sostenible, ni mucho menos que quiera promover un cambio social. Tampoco voy a pedir perdón por querer ganarme la vida, es decir, realizo servicios de consultoría ambiental, de turismo sostenible, asistencias técnicas de desarrollo rural, educación ambiental,…etc., servicios que, para determinadas personas o colectivos, deberían ser gratuitos. Pues bien, NO. Es mi trabajo. El tiempo que invierto en preparar las actividades, en visitar los territorios, en investigar estrategias que favorezcan el desarrollo socio-económico de un territorio,…etc. Todo esto implica un gran esfuerzo y conocimiento asociado, y todas las personas necesitamos dinero para vivir. Que yo haya decidido llevar a la práctica en mi trabajo una filosofía de vida no quiere decir que tenga que hacerlo gratis.

¡Qué sí, qué sí! Que esto es precioso, pero pon ejemplos prácticos. Pues imagina una empresa de alimentación que decide pagar el precio justo a sus proveedores, apostar por la venta de productos de Km0 y/o ecológicos y evitar el uso de bolsas de plástico entre sus clientes. O una empresa que forme y trabaje con mujeres con dificultades de acceso al mercado laboral (por el motivo que sea), o personas con discapacidad. Sin que ambas condicionen el llevarse ayudas y/o subvenciones públicas que favorezcan estas contrataciones. Pongamos el caso de una empresa de apicultura que solo venda la miel que produce (a ser posible en un entorno cercano), sin echar pesticidas o fertilizantes, preocupándose por la biodiversidad local y por la restauración de elementos patrimoniales. O, por otro lado, empresas que aprovechen la recogida, limpieza y transformación de residuos, aceite usado, para generar subproductos y dar una segunda oportunidad a estos restos que terminarían enterrados o incinerados…etc. Por último, una agencia de viajes que promueva prácticas ambientales y sociales responsables entre sus clientes, con actividades comprometidas con el territorio visitado y pagando precios justos a sus colaboradores. Todos estos ejemplos, y muchos más, existen, son reales y rentables, y se podrían explicar con muchísimo más detalle cada una de las experiencias descritas.

El emprendimiento social o sostenible es una doble oportunidad. Por un lado estamos generando un beneficio económico, no solo a nosotros mismos, sino a nuestros empleados, colaboradores o proveedores. Por otro, luchamos por mejorar nuestros entornos. Trabajamos para cambiar el mundo. Lo único que pedimos es que se favorezca la existencia de políticas públicas que ayuden y apoyen este tipo de organizaciones, no solo con acceso a fuentes de financiación, sino con visibilidad, con centros de asesoramiento público gratuitos, con información o con incentivos para entidades que promuevan el bienestar social y ambiental de la población. Simplemente, que no nos pongan problemas a la hora de comenzar una actividad laboral que implique fines sostenibles.

 

Lo único que pedimos es que se favorezca la existencia de políticas públicas que ayuden y apoyen este tipo de organizaciones, no solo con acceso a fuentes de financiación, sino con visibilidad, con centros de asesoramiento público gratuitos, con información o con incentivos para entidades que promuevan el bienestar social y ambiental de la población. Simplemente, que no nos pongan problemas a la hora de comenzar una actividad laboral que implique fines sostenibles.

 

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