La Educación Ambiental también es para el verano

El verano es la época del año en la que más visitantes reciben las playas, los espacios naturales protegidos y los entornos rurales. Los viajeros, aprovechando sus descansos y vacaciones, invierten su tiempo libre en descansar y descubrir nuevos territorios. Pero, ¿por qué no aprovechar esta circunstancia para tratar de lanzar mensajes a la población sobre nuestro patrimonio natural y el valor de su conservación?

El primer punto en el que quiero detenerme son las playas y los sistemas dunares. Quizás, porque estos ecosistemas son los que mayor impacto reciben durante la época estival. El medio litoral está compuesto por diversos ecosistemas, muy frágiles y sensibles a alteraciones antrópicas. Las dunas son barreras naturales que sirven de protección natural, pero también son almacenes de arena para que podamos disfrutar de un día de relax en la playa. ¿Saben esto los turistas? ¿Por qué no aprovechar el flujo masivo de visitantes para conocer su importancia? Una actividad lúdica con niños y niñas o un panel interpretativo para conocer la flora invasora, las especies de aves, la biodiversidad en peligro de extinción o el valor de no tirar basuras en un espacio tan sensible sería básico para conocer, valorar, respetar y defender el entorno que se está visitando, y otros similares. Sin duda, estamos perdiendo una gran oportunidad de concienciación ambiental.

TazonesLos Parques Nacionales, Parques Naturales o Reservas de la Biosfera son también espacios que reciben multitud de visitantes diarios en verano. Algunos, incluso, por encima de su capacidad de acogida, lo cual puede dañar el paisaje de una manera irreversible, e incluso causar daño a la población local, en lugar de beneficios. En estos territorios, por un lado, debemos maravillarnos con la espléndida biodiversidad y geodiversidad que salvaguardan, y por otro, también del paisanaje que ha sabido conservar este patrimonio. Las entidades públicas promocionan muy bien estos espacios, pero por qué no también ayudar a conocer las especies de flora y fauna más emblemáticas que albergan, o los materiales de los que está compuesto el espacio protegido. ¿Por qué no promocionar y promover el consumo de productos locales? La educación ambiental debe ir de la mano del desarrollo rural, porque si una zona queda deshabitado estamos perdiendo siglos de historia, de cultura y de conocimiento autóctono del territorio. Estaremos perdiendo a nuestros indígenas.

La revolución empieza por pequeñas cosas, en pequeños lugares, y con “mucha gente pequeña haciendo muchas pequeñas, pero grandes cosas”. El verano es la perfecta oportunidad para que los mensajes de los árboles, las plantas, las rocas, los animales, los indígenas o los paisajes lleguen a los visitantes. La educación ambiental también es para el verano.

Con la premisa que todos los y las educadoras ambientales tenemos de que sólo se puede proteger y conservar aquello que se conoce y se valora, el verano es una excelente oportunidad de cambiar el mundo. Hay aspectos de nuestro entorno en los que que las personas nunca nos habíamos fijado, quizás porque nadie nos lo enseñado o hablado sobre ello. Por ello, esta época se presenta como un excelente momento para la metamorfosis. La revolución empieza por pequeñas cosas, en pequeños lugares, y con “mucha gente pequeña haciendo muchas pequeñas, pero grandes cosas”. El verano es la perfecta oportunidad para que los mensajes de los árboles, las plantas, las rocas, los animales, los indígenas o los paisajes lleguen a los visitantes. La educación ambiental también es para el verano.

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