FEMINISMO RURAL

El 2017 ha sido el gran año de la mujer gracias a toda la colectividad de mujeres que hemos salido a la calle para reivindicar y luchar contra las grandes desigualdades que sufrimos día tras día, y a un sistema que pretende confinar nuestros derechos. Hemos gritado en hermandad que no tenemos miedo al abuso, que queremos que se acabe la discriminación y que aspiramos a destruir esta sociedad heteropatriarcal que nos quiere en silencio.

Sin lugar a dudas, cada día observamos como más mujeres se suman al activismo diario del movimiento feminista. Pero bien es cierto que este movimiento tiene una mayor presencia en el ámbito urbano que en el medio rural. En España, casi un 80% de la población reside en ciudades, por lo que se percibe que la voz de las mujeres rurales no está teniendo la misma presencia en los discursos de las reivindicaciones feministas. Las necesidades y demandas de las mujeres que habitan en grandes urbes no son las mismas que las que residen en entornos rurales.

Las necesidades y demandas de las mujeres que habitan en grandes urbes no son las mismas que las que residen en entornos rurales.

En el medio rural las mujeres han estado sometidas a los roles de género patriarcales de una manera mucho más notoria que en las ciudades, y la palabra feminismo se mira aún con reserva. Obviamente, es necesaria una fuerte pedagogía en estos territorios, para tratar de construir el que podría llamarse “Feminismo rural”, que logre que la lucha sea de verdad un movimiento global de transformación social, en el que todas las voces estén representadas, y se visibilice la palabra de todas las mujeres y las realidades que ellas viven.

En las zonas rurales las mujeres han sido las grandes transmisoras del conocimiento. Dominan el estudio de las plantas, los árboles y el aprovechamiento que de ellos pueden obtener para su sostén. Tradicionalmente, ellas han dedicado su trabajo, además de a las labores de cuidado del núcleo familiar, a la agricultura, ganadería e incluso al mantenimiento del monte. Esto implica que han defendido fuertemente su tierra de la explotación abusiva que pretendía arrebatar su medio de subsistencia, porque como plantea el ecofeminismo, “el sistema capitalista ha atentado contra la mujer y los territorios”.

En el año 2015, los líderes mundiales adquirieron un compromiso para el desarrollo sostenible que se plasmó en 17 objetivos. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible consisten en 169 metas a trabajar en los próximos 15 años. El objetivo número 5 dice así: “Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”. Para comenzar estaría muy bien saber qué entiende el sistema por empoderamiento femenino. Muchas mujeres no tienen acceso a un sistema educativo de calidad, atención médica, o, como sucede en muchas zonas rurales, carecen de servicios básicos fundamentales. Romper estas barreras estructurales es esencial para lograr el empoderamiento femenino a nivel global. Pero no podemos ni queremos quedarnos con un empoderamiento de segunda o de tercera. Queremos el poder real, queremos tener presencia y representación propia en los procesos de toma de decisiones, y queremos que la voz de todas las mujeres y niñas se escuche, se tenga en cuenta y se ejecuten nuestras demandas para conseguir una vida libre que no esté subyugada a un régimen que nos tiene presas.

Queremos el poder real, queremos tener presencia y representación propia en los procesos de toma de decisiones, y queremos que la voz de todas las mujeres y niñas se escuche, se tenga en cuenta y se ejecuten nuestras demandas para conseguir una vida libre que no esté subyugada a un régimen que nos tiene presas.

Las mujeres debemos ser las protagonistas de nuestra propia historia, pero siempre entendiendo e incorporando la diversidad de los diferentes territorios y su problemáticas asociadas a la lucha colectiva. La mujer rural ha estado históricamente invisibilizada y nosotras debemos tratar de romper esto. Sus problemas son nuestros problemas, y sus anhelos también son los nuestros. Ellas son las protectoras de los paisajes, las garantes de la conservación de la vida y las encargadas de cuidar la tierra que nos alimenta. Debemos luchar por su derecho a ser escuchadas, y que sus reivindicaciones sean también nuestras. ¡Sororidad amigas, sororidad, para impulsar la transformación del mundo!

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