Desarrollo Rural

ASTURIAS. UN PAISAJE CONVERTIDO EN MUSEO ETNOGRÁFICO

En las últimas décadas ha alcanzado gran importancia la política de protección de espacios naturales como pieza clave de la ordenación territorial. Los Espacios Naturales Protegidos de Asturias representan un porcentaje de superficie superior al 30%, siendo esta una cifra muy alta comparada con el conjunto nacional donde ronda el 10%. Esta protección pretende hacer compatible la conservación de la naturaleza con el uso racional del territorio, es decir, el mantenimiento de las actividades económicas tradicionales, así como el fomento de la educación ambiental, la investigación, el ocio y el desarrollo rural en estos espacios protegidos.

Turón

Camino en la zona alta de Turón

 

Cuando hablamos de naturaleza siempre nos referimos a la conservación de la biodiversidad o geodiversidad (aunque esta última está muy olvidada, ya que la geología es la hermanastra fea de las ciencias naturales). Elementos bióticos o abióticos que estamos obligados a mantener y conocer. Pero el hábitat o ecosistema de estos seres vivos o inertes es el mismo en el que las personas hemos establecido nuestros hogares desde antes del 7.000 a.c. cuando las primeras civilizaciones de seres humanos comienzan a hacerse poblaciones sedentarias.

A lo largo de todos estos miles de años el paisaje ha sufrido transformaciones. En algunos casos no cabe duda de que estas trasformaciones han dejado una herida que tardará mucho tiempo en curarse como en la Campa de Tormaleo (Ibias) o en la Cuenca Carbonífera Central donde la minería a cielo abierto llegó con sueños e ilusiones y fue destrozando todo lo que tenía a su paso hasta dejar tristeza y abandono. En otras ocasiones las poblaciones humanas han sabido conservar y mantener este paisaje, e incluso han aprendido a convivir con la fauna local, como sucede en el suroccidente asturiano con el oso pardo. Un paisaje en el que podemos ver las manifestaciones culturales que estas poblaciones locales han dejado a lo largo de la historia y que ya forman parte de nuestra propia cultura.

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¿Qué está sucediendo en Asturias? Cabanas de teitu de escoba, corros, cortinos, molinos, cuadras, casas tradicionales asturianas, hórreos y paneras, brañas y majadas… Un paisaje que nos empeñamos en llamar paisaje de cuento o de leyenda y que está ahí para que vengan los turistas, como quien va a un museo y mira un cuadro a más de 50 centímetros de distancia, pero no puede pasar esa cinta roja que limita el contacto con la obra de arte. Y ojo, ¡Soy la primera que quiero que vengan los turistas. Vivo de ello! Quiero que todo el mundo vea nuestro rico patrimonio cultural y natural, que prueben nuestra gastronomía, que conozcan nuestra artesanía, que disfruten admirando nuestros diversos paisajes, pero también, que conozcan nuestro gran paisanaje.

Cabanas de teitu de escoba en el Parque Natural de Somiedo

Cabanas de teitu de escoba en el Parque Natural de Somiedo

¿Qué quiero decir con todo esto? Que Asturias está sufriendo un grave abandono que la está llevando a su conversión en museo etnográfico gratuito al aire libre. Un territorio donde cualquier elemento biótico, abiótico o cultural solamente tiene uso como mero elemento decorativo. Nos estamos olvidando de las zonas rurales y su capacidad de creación de empleo, así como su importancia en el mantenimiento de la biodiversidad. Si las zonas rurales están pobladas, los paisajes también estarán llenos de vida, y tendrán quienes los cuiden.

Panera cayendo

Panera cayendo

Son muchos los aspectos de los que podría hablar, pero para empezar quiero hacer hincapié en las conversaciones con mi abuela, mi mentora. Diálogos al pie de la cocina de carbón, mientras veíamos la Sierra del Aramo y el Parque Natural de las Ubiñas y la Mesa con una blanca niebla en sus cimas, en los que las castañas y los cereales eran el núcleo central de los temas, “porque quitaron mucha hambre en tiempos de necesidad”, decía mi abuela, “y ahora nadie quiere saber nada del campo y los pueblos se mueren”, continuaba. Actualmente, los castaños están enfermos y los avellanos secando. Sin una gestión forestal tradicional de estos árboles no quedarán ni avellanas ni castañas, algo que en El Bierzo o Galicia han sabido comprender y ya se han puesto las pilas. Antes los franceses les compraban las castañas para elaborar el delicioso marron glace, actualmente, les comprar el dulce. ¿No es este un mensaje de optimismo? Además, si lo llevamos a términos de conservación, los avellanos forman las sebes que lindan las parcelas agropecuarias, con la importancia que tiene esto para el mantenimiento del equilibrio ecológico y la biodiversidad.

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Por otro lado, los cereales. ¿Quién duda de la importante cultura del pan que existió o existe en Asturias? No sé si hablar en pasado o resignarme a pensar que aún hay esperanza y que no ha muerto esta cultura. Maíz, trigo, centeno, espelta…Yo provengo de zona de escanda <<y minería>>, en la zona central asturiana, aunque yo ya no viví su cultivo en mi familia. La historia minera casi logra acabar con este cereal autóctono, y cuando estaba agonizando una empresa logró recuperarlo. Pero, ¿qué sucede con los molinos? ¿Por qué no tratar de recuperar también este elemento etnográfico? Sería maravilloso volver a darle vida, como ellos nos dieron, y que no sólo quede reflejado en las canciones tradicionales que se corean en pequeños círculos. Podemos crear puestos de trabajo, dinamizar nuestras zonas rurales y conocer parte de nuestra historia reciente. Que estos elementos no sólo sirvan para decorar, cual museo etnográfico, los caminos de los montañeros, sacarse la foto, y volver a olvidarse de ellos.

El centeno es un cereal típico del occidente asturiano, con un clima más favorable a su cultivo. En muy típico encontrar en las panaderías de esa zona “bollas de pan de centeno”, pero no es tan común ver cultivos de centeno. Si preguntas porqué, la respuesta será clara y sencilla “no es rentable”, así que se compra la harina fuera. Y mientras nuestros molinos cayendo, y una fuente de ingresos que provendría de este cultivo tradicional, desaprovechada.

Molino

Molino abandonado que está colonizado por especies oportunistas

Podría seguir igual de crítica con los teitos, y su también conversión en museo etnográfico, o las casas tradicionales asturianas cayendo junto con hórreos y paneras, pero prefiero lanzar un mensaje de optimismo, ya que me he extendido demasiado. Hace poco hablábamos de Miel de Outurelos, una pequeña empresa de Ibias que se está proponiendo la dura tarea de restaurar los cortinos para guardar sus colmenas a resguardo del oso. ¿No es precioso ver estos elementos etnográficos otra vez con vida que verlos cubiertos de maleza? Es muy emotivo ver que una persona joven quiere quedarse a vivir en su pueblo, que obtiene un beneficio económico de ello y que, por fin, alguien ha logrado sobrepasar la cinta roja del museo etnográfico, sin que el guarda de seguridad le haya echado, para reivindicar que las piezas aún no están muertas, que les queda mucho trabajo, y que aún hay solución.

Las zonas rurales no son museos. Por favor, no pongamos más barreras al emprendimiento rural. Escuchemos a las personas locales.

Cortín abandonado en Parque Natural de Fuentes de Narcea, Degaña e Ibias

Cortín abandonado en Parque Natural de Fuentes de Narcea, Degaña e Ibias

 ¡Salvemos las zonas rurales! #SOSMundoRural

PRIMER CONGRESO SOBRE EL OSO PARDO: conservación, ordenación y desarrollo rural

Los días 29 y 30 de abril se celebró en el Parador de Corias en Cangas del Narcea el primer congreso sobre el oso pardo cantábrico que fue estructurado en tres áreas: conservación, ordenación y desarrollo rural. Los expertos pusieron sobre la mesa la necesidad de establecer una regulación para que esta actividad turística se realice de manera responsable y sostenible.

Andrés Ordiz, Doctor en biología de la conservación, ha llegado a la conclusión que la observación directa de cualquier gran mamífero, como osos, lobos o incluso venados (como sucede durante la berrea) puede cambiar los hábitos de estos animales debido a la excesiva cercanía con la que se realizan estos avistamientos en muchas ocasiones. Estos son animales de hábitos diurnos que, debido a la persecución histórica sufrida, ya sea por el turismo o la caza indiscriminada, muestran mayor actividad a primeras y últimas horas del día, manteniéndose inactivos en las horas centrales del día.

Intervención de Andrés Ordiz

El turismo debe ser favorable a la conservación y debe tener un fin educativo. Este tipo de ecoturismo debe estar ligado a concienciar a la población sobre la importancia de estos mamíferos, pero teniendo en cuenta que no son los únicos habitantes del territorio, sino que las personas forman parte del mismo ecosistema, y que ambas especies estamos condenadas a entenderos y convivir en el mismo espacio.

Este tipo de turismo responsable favorece también al desarrollo rural. El oso es una excusa para atraer viajeros y mostrarles un territorio desconocido y auténtico con una cantidad de recursos naturales y culturales aún por descubrir. Las personas, quienes contribuyen a la conservación del paisaje, también son biodiversidad, y sus expresiones culturales son dignas de ser mostradas a los turistas de una manera holística, es decir, conocer el entorno natural y cultural en el que vive el oso pardo. El turismo vinculado al oso pardo no sólo es observación directa, sino que se muestra su hábitat, como huellas y rastros, que es el mismo que el de otros animales de la zona como lobos o incluso la flora o la geología de la zona.

Guillermo Palomero. Presidente de la Fundación Oso Pardo

Un grave problema para la conservación es el uso de las redes sociales e internet. Las personas descubren a través de internet las coordenadas donde se encuentra el animal, a veces en tiempo directo. No se trata sólo de poner en riesgo al animal, sino que son las propias personas quienes se ponen en riesgo por la aventura de tener cerca al plantígrado. Estas personas se introducen en los bosques perdiéndose, sufriendo caídas y lesiones o, en el peor de casos, ataques. Además, los coches de los observadores quedan en el medio de la carretera siendo un grave peligro para la circulación.

Por otro lado, también quedó muy claro que no se puede conservar la biodiversidad sin tener en cuenta la ganadería, la agricultura o la gestión forestal. Es importante reconocer a las personas que trabajan en las zonas rurales y que apuestan por la conservación de las razas autóctonas o especies vegetales locales. Se nos olvida que también son animales importantes que se deben conservar, ya que contribuyen a mantener el paisaje mediante el desarrollo de actividades socioeconómicas sostenibles. Hay 123 razas autóctonas de ganado en peligro de extinción. La Fundación Félix Rodríguez de la Fuente apuesta por un consumo responsable, y para ello ha creado ConSuma Naturalidad, un proyecto y sello de calidad en favor del consumo responsable. Este sello, además de beneficiar o premiar a los productores que realizan una labor sostenible, también favorece que los consumidores conozcan lo que comen y su contribución a la conservación de la biodiversidad. Se trata de fomentar el consumo responsable y poner en valor los productos de razas autóctonas y variedades locales.

Odile Rodríguez de la Fuente

Un ejemplo de esto es la excelente labor ejercida por Alberto Uría, quien está al frente de la marca Miel de Outurelos. Este joven apicultor artesano apostó por quedarse en su pequeño pueblo del concejo de Ibias y recuperar el oficio familiar. Nadie duda hoy día de que la apicultura contribuye a la conservación de la biodiversidad gracias a la acción polinizadora de las abejas, pero además de eso, esta pequeña empresa sostiene acuerdos de Custodia del Territorio, reconstruyendo viejos colmenares tradicionales o cortinos, entre otros proyectos. Este elemento etnográfico sirve para mantener las colmenas protegidas del oso, pero, lo más importante bajo mi punto de vista, hace que estos elementos culturales vuelvan a tener utilidad más allá de un mero museo etnográfico. Un producto con valores que recuperó los sabores y aromas olvidados. Su exposición en el congreso, crítica y emotiva, le valió un merecido aplauso de todas las personas que estábamos en esa sala.

Alberto Uría. Fundador de Miel de Outurelos

Alberto Uría. Fundador de Miel de Outurelos

 

Como conclusión personal cabe destacar que el turismo, realizado de una manera sostenible y responsable contribuye enormemente al desarrollo rural de la zona visitada, y, lo más importante, ejercer una conciencia ambiental y social sobre los viajeros y viajeras, así como generar beneficios económicos directos en las poblaciones visitadas.

 

Avistamiento de Oso Pardo con Fundación Oso Pardo y Quei Vitorino Experiencias Medioambientales

Avistamiento de Oso Pardo con Fundación Oso Pardo y Quei Vitorino Experiencias Medioambientales

PRIMER CONGRESO DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE MUNICIPIOS DE MONTAÑA

Vistas desde La Pola

Vistas desde La Pola

Los pasados días 3, 4 y 5 de diciembre de 2014 se celebró en Somiedo el I Congreso de la Asociación Española de Municipios de Montaña.

 

Si tuviéramos que resumir el congreso por temas podríamos establecer 6 puntos claros: servicios básicos en el medio rural, necesidad de unión y/o asociación, la mujer rural, la construcción del paisaje y la figura del “paisano” y la urgente necesidad de investigación en desarrollo rural.

Intervención de Jesús Arango

Intervención de Jesús Arango

Para comenzar con el primer punto sobre el derecho a servicios básicos (acceso a banda ancha, transporte, sanidad y educación pública) rescatamos una frase clave de Jesús Arango “como somos pocos, no nos llegan los servicios, y como no nos llegan los servicios, cada vez somos menos”. ¿Quién va a querer vivir o emprender en una zona donde no tendrá acceso a Internet, sanidad, transporte o educación? Sobre último este aspecto se recalcó que nunca hubo una escuela rural propiamente dicha, sino que hubo una escuela en el medio rural diseñada con pautas urbanas. Sólo este aspecto daría para otra entrada en el blog, en el que no podríamos dejar de citar a Adolfo García Martínez. ¿Parecen derechos básicos, no? ¿Por qué entonces no se cumplen?

Todos los ponentes que participaron incidieron en la necesidad de unión y/o asociación entre todas las personas que viven o trabajan en las áreas rurales. Pedro Medrano y la emotiva iniciativa de los Montes de Socios en Soria es un claro ejemplo de ello. Este es un proyecto que recuperó y revalorizó los montes comunales, contribuyendo al desarrollo económico y la mejora de la calidad de vida en las zonas rurales. Gracias a esta iniciativa, creada desde la unión, cooperación y colaboración, se han creado empresas, puestos de trabajo y, sobre todo, ha permitido que las personas puedan elegir libremente quedarse en sus pueblos de origen y volver a la tierra de sus abuelos y abuelas. Entonces, si se han obtenido tan buenos resultados, ¿por qué no copiamos este modelo en otras zonas del país? ¿En qué momento se perdieron las andechas, las sextaferias o la cooperación vecinal? Copiemos de Francia y dejemos que sean los territorios quienes tomen sus propias decisiones como Nicolas Evrard nos mostró.

José Luis González Rebollar

José Luis González Rebollar

Un aspecto que actualmente está en auge entre los investigadores, pero que la ciudadanía aún no ha asumido es la construcción cultural del paisaje y que José Luis González Rebollar, quien se llevó un fuerte y cariñoso aplauso de toda la sala por su exposición clara y crítica, y también Jaime Izquierdo, tienen muy claro. Los paisajes no son naturales. Ambos ponentes concuerdan en que llamar naturaleza al campo es algo irreal, ya que está completamente transformada por el hombre, o más bien conservada (como diría Jaime Izquierdo) por el “paisano”. Una persona que ha sido ganadero, agricultor, agente forestal, gestor del paisaje, agente ambiental, compostador, artesano…, y que, como es un paisano, mantiene el país. Precioso, ¿no? De hecho, Jaime, menciona la necesidad de cambiar el nombre a los espacios naturales protegidos a “espacios de naturaleza campesina en vías de extinción”. Con el permiso de Jaime Izquierdo, queremos adoptar este término tan acertado, porque si lo comenzamos a utilizar, la gestión de estos espacios sería diferente, y se comenzaría a tener en cuenta al “paisano” o a la “paisana” para que tomen sus propias decisiones y no vengan impuestas desde las ciudades. Aunque también es verdad que el campo necesita la ciudad, de igual manera que la ciudad necesita el campo. Como dijo Jaime, ¿por qué no reflexionamos sobre la necesidad de crear un departamento de agricultura y ganadería en todos los ayuntamientos? ¿O qué pensamos comer en un futuro?

José Luis González Rebollar incidió sobre la investigación como solución a los problemas de las zonas rurales trabajando en colaboración con la propia comunidad, no se les puede dejar de lado. Es su territorio. Jaime Izquierdo también habla de investigación, pero etnográfica, y pone como ejemplo la gestión tradicional del lobo y la figura del alimañero. A lo largo de su ponencia, clara, brillante y rotunda, nos deja grandes citas, pero personalmente me quedo con una que refleja de una manera brillante este punto y el anterior. “Los Picos de Europa tienen déficit de pensamiento indígena”. Yo lo extrapolo a Asturias, o incluso a España, de manera general y es que ignoramos la sabiduría de los paisanos y paisanas, y tenemos la obligación de investigar ese tesoro que poseen: todo el conocimiento y experiencia acumulada propia y de sus antepasados y que nosotros estamos a punto de enterrar en el olvido.

Teresa López y Lourdes Arruebo

Teresa López y Lourdes Arruebo

Por último, el papel de la mujer en el desarrollo de las zonas rurales, que incluso tuvo una ponencia propia a cargo de Teresa López y Lourdes Arruebo. No fueron ellas solo quieren hicieron alusión a este aspecto, ya que todos los ponentes incidieron en que de las mujeres depende que las zonas rurales se mantengan. Lourdes Arruebo, afirma que las mujeres somos las más emprendedoras en el medio rural. Pero, con permiso de todos los ponentes, sobre este tema me quedo con las citas de Teresa: “queremos vivir en nuestros pueblos sin tener que ser heroínas” y “siempre se habla de conciliación y parece que es algo solo de mujeres. Se debería hablar de co-responsabilidad, ya que una familia es cosa de dos”. Emocionante, sincera y real.

Antes de despedirme, quisiera citar a Marcel Iglesias, alcalde de Bonansa (Huesca) que antes de dar la palabra a Jaime Izquierdo hizo una reflexión muy interesante: “En España un 10% de la población vive en zonas de montaña, aproximadamente 5 millones de personas, ¿Qué pasaría si estos recortes que sufren las zonas rurales sucedieran en una ciudad con 5 millones de personas?”

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          Jaime Izquierdo y Marcel Iglesias

 

Para finalizar, os invito a la reflexión:

Es hora de volver a la casa de mi padre. Yo ya regresé, pero reconstruir la casa desde sus cimientos originales ha de ser una tarea que hagamos entre todas y todos. La casa es amplia y todos y todas cabemos, ¿quién se viene?

 
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